
Carta a las Naciones Unidas sobre el medio ambiente
Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia
28/09/2007
Hermanas y hermanos Presidentes y Jefes de Estado de las Naciones Unidas:
El mundo tiene fiebre por el cambio climático y la enfermedad se llama modelo de desarrollo capitalista. Mientras en 10.000 años la variación de dióxido de carbono (CO2) en el planeta fue de aproximadamente un 10 por ciento, en los últimos 200 años de desarrollo industrial, el incremento en las emisiones de carbono ha sido de un 30 por ciento. Desde 1860, Europa y Norteamérica han contribuido con el 70 por ciento de las emisiones de CO2. El 2005 ha sido el año más caluroso de los últimos mil años en el planeta.
Diferentes investigaciones demuestran que de 40.170 especies vivas estudiadas, 16.119 están en peligro de extinción. Un pájaro de cada ocho puede desaparecer para siempre. Un mamífero de cada cuatro está amenazado. Un anfibio de cada tres puede dejar de existir. Ocho crustáceos de cada diez y tres insectos de cada cuatro están en riesgo de extinguirse. Vivimos la sexta crisis de extinción de especies vivas en la historia del planeta Tierra y, en esta ocasión, la tasa de extinción es 100 veces más acelerada que en los tiempos geológicos.
Ante este futuro sombrío, los intereses transnacionales proponen seguir como antes y pintar la máquina de verde, es decir, seguir con el crecimiento y el consumismo irracional y desigual generando más y más ganancias sin darse cuenta de que actualmente estamos consumiendo en un año lo que el planeta produce en un año y tres meses. Ante esta realidad, la solución no puede ser el maquillaje ambiental.
Para mitigar los impactos del cambio climático leo en informes del Banco Mundial que hay que acabar con los subsidios a los hidrocarburos, ponerle precio al agua y promover la inversión privada en los sectores de energía limpia. Nuevamente quieren aplicar las recetas de mercado y privatización para hacer negocios con la propia enfermedad que estas políticas producen. Lo mismo sucede en el caso de los biocombustibles puesto que para producir un litro de etanol se requieren 12 litros de agua. De igual forma, para procesar una tonelada de agrocombustibles se necesita, en promedio, una hectárea de tierra.
Ante esta situación, nosotros -los pueblos indígenas y los habitantes humildes y honestos de este planeta- creemos que ha llegado la hora de hacer un alto para reencontrarnos con nuestras raíces, con el respeto a la madre tierra; con la Pachamama como la llamamos en los Andes. Hoy, los pueblos indígenas de América Latina y del mundo estamos convocados por la historia para convertirnos en la vanguardia de la defensa de la naturaleza y de la vida.
Estoy convencido de que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada recientemente después de tantos años de lucha, tiene que pasar del papel a la realidad para que nuestros conocimientos y nuestra participación nos ayuden a construir un nuevo futuro de esperanza para todos. Quién sino los pueblos indígenas podemos señalar el rumbo de la humanidad para la preservación de la naturaleza, de los recursos naturales y de los territorios que habitamos ancestralmente.
Necesitamos un golpe de timón de fondo y a nivel mundial para dejar de ser los condenados de la tierra. Los países del norte tienen que reducir sus emisiones de carbono entre un 60 y un 80 por ciento si queremos evitar que la temperatura de la tierra suba más de 2 grados en lo que queda de siglo provocando que el calentamiento global alcance proporciones catastróficas para la vida y la naturaleza.
Tenemos que crear una Organización Mundial del Medioambiente con fuerza vinculante, y disciplinar a la Organización Mundial del Comercio empeñada en llevarnos a la barbarie. Ya no podemos seguir hablando de crecimiento del Producto Bruto Nacional sin tomar en cuenta la destrucción y el derroche de los recursos naturales. Tenemos que adoptar un indicador que permita considerar, de manera combinada, el Índice de Desarrollo Humano y la Huella Ecológica para medir nuestra situación medioambiental.
Hay que aplicar fuertes impuestos a la superconcentración de la riqueza y adoptar mecanismos efectivos para su redistribución equitativa. No es posible que tres familias tengan ingresos superiores al PIB conjunto de los 48 países más pobres. No podemos hablar de equidad y justicia social mientras continúe esta situación.
Los Estados Unidos y Europa consumen, en promedio, 8.4 veces más que el promedio mundial. Por ello, es necesario que bajen sus niveles de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra; de la misma Pachamama.
Sé que no es fácil el cambio cuando un sector extremadamente poderoso tiene que renunciar a sus extraordinarias ganancias para que sobreviva el planeta Tierra. En mi propio país sufro, con la frente en alto, ese sabotaje permanente porque estamos acabando con los privilegios para que todos podamos "Vivir Bien" y no mejor que nuestros semejantes. Sé que el cambio en el mundo es mucho más difícil que en mi país, pero tengo absoluta confianza en el ser humano, en su capacidad de razonar, de aprender de sus errores, de recuperar sus raíces y de cambiar para forjar un mundo justo, diverso, inclusivo, equilibrado y armónico con la naturaleza.
Lettre aux Nations Unies sur l’environnement
du Président de la République de Bolivie Evo Morales Ayma
28/09/2007
Frères et sœurs Présidents et Chefs d’Etat des Nations Unies :
Le monde a la fièvre, il souffre du changement climatique et sa maladie a un nom, c’est le modèle de développement capitaliste. Alors qu’en 10.000 ans la quantité du dioxyde de carbone (CO2) sur la planète a connu une variation de 10 pour cent environ, au cours de ces 200 années de développement industriel, l’accroissement des émissions de carbone a été de 30 pour cent. Depuis 1860, l’Europe et l’Amérique du Nord ont contribué à hauteur de 70 pour cent aux émissions de CO2. 2005 a été l’année la plus chaude qu’ait connue la planète au cours de ce millénaire.
Différentes études montrent que parmi 40.170 espèces vivantes étudiées, 16.119 sont en voie d’extinction. Un oiseau sur huit peut disparaître pour toujours. Un mammifère sur quatre est menacé. Un amphibien sur trois risque de ne plus exister. Huit crustacés sur dix et trois insectes sur quatre sont en voie d’extinction. Nous vivons la sixième crise d’extinction des espèces vivantes que la planète terre ait connu, et cette fois, le rythme de disparition des espèces est 100 fois plus rapides qu’au cours des autres époques géologiques.
Face à cet avenir sombre, les intérêts internationaux proposent de continuer comme avant et de repeindre la machine en vert, c’est-à-dire poursuivre la croissance et la société de consommation irrationnelle et inégale générant toujours plus de profits sans se rendre compte qu’actuellement nous consommons en un an ce que la planète produit en un an et trois mois. Face à cette réalité, la solution ne peut pas être une écologie cosmétique.
Je lis dans des rapports de la Banque Mondiale que pour limiter les conséquences du changement climatique il faut en finir avec les subventions aux hydrocarbures, faire payer l’eau et encourager l’investissement privé dans les secteurs des énergies propres. A nouveau, on veut appliquer les recettes du marché et de la privatisation pour tirer profit de la maladie même que ces politiques produisent. Il se passe la même chose dans le cas des bio combustibles puisque pour produire un litre d’éthanol on a besoin de 12 litres d’eau. De même, pour produire une tonne d’agro combustibles on a besoin, en moyenne, d’un hectare de terre.
Face à cette situation, nous –les peuples indigènes et les habitants humbles et honnêtes de cette planète- nous croyons que le moment est venu de faire une pause pour retrouver nos racines, le respect de la terre mère, la Pachamama comme nous l’appelons dans les Andes. Aujourd’hui, les peuples indigènes d’Amérique latine et du monde avons rendez-vous avec l’histoire pour devenir l’avant-garde de la défense de la nature et de la vie.
Je suis convaincu que la Déclaration des Nations Unies sur les Droits des Peuples Indigènes, approuvée récemment après tant d’années de luttes, doit passer du papier à la réalité afin que nos connaissances et notre participation nous aident à construire un nouveau futur d’espérance pour tous. Qui mieux que nous, peuples indigènes, peut montrer à l’humanité la voie de la préservation de la nature, des ressources naturelles et de nos territoires ancestraux?
Nous avons besoin d’un changement complet d’orientation au niveau mondial pour ne plus être les damnés de la terre. Les pays du nord doivent réduire leurs émissions de carbone de 60 à 80 pour cent si nous voulons éviter un réchauffement supérieur à 2 degrés avant la fin du siècle, réchauffement global qui atteindrait des proportions catastrophiques pour la vie et la nature.
Il nous faut créer une Organisation Mondiale de l’Environnement qui prenne des décisions contraignantes, et mettre au pas l’Organisation Mondiale du Commerce déterminée à nous conduire à la barbarie. Nous ne pouvons plus continuer à parler de croissance du Produit National Brut sans prendre en compte la destruction et le gaspillage des ressources naturelles. Nous devons adopter un indicateur qui nous permette de prendre en compte, en les associant, l’Indice de Développement Humain et l’Impact Ecologique pour mesurer notre situation environnementale.
Il faut taxer de manière importante la super-concentration de la richesse et adopter des mécanismes efficaces de redistribution équitable. Il n’est pas possible que trois familles aient des revenus supérieurs au PIB de l’ensemble des 48 pays les plus pauvres. Nous ne pouvons pas parler d’équité et de justice sociale tant que perdure cette situation.
Les Etats-Unis et l’Europe consomment, en moyenne, 8,4 fois plus que la moyenne mondiale. C’est pourquoi il est nécessaire qu’ils diminuent leur niveau de consommation et reconnaissent que nous sommes tous les hôtes d’une même terre, de la même Pachamama.
Je sais que le changement n’est pas facile quand un secteur extrêmement puissant doit renoncer à ses extraordinaires profits pour que survive la planète Terre. Dans mon propre pays je souffre, sans cependant renoncer, de ce sabotage permanent parce que nous sommes en train d’en finir avec les privilèges, afin que tous nous puissions « Vivre Bien » et non pas mieux que nos semblables. Je sais que le changement dans le monde est beaucoup plus difficile que dans mon pays, mais j’ai une confiance absolue dans l’être humain, dans sa capacité à raisonner, à tirer les leçons de ses erreurs, à retourner à ses racines, et à changer afin de forger un monde juste, divers, ouvert, équilibré et en harmonie avec la nature.